El pasado domingo el Club Ciclista Lucero participó en la XXVII Marcha Cicloturista Internacional Bilbao Bilbao. Un fin de semana intenso, aventurero, duro y, sobre todo, gratificante. Una experiencia que si en algo coincidimos es en querer repetirla el próximo año. Lo que ahora expondré será mi experiencia personal de este gran fin de semana.

Quedamos el sábado pronto por la mañana. José me vino a buscar para recogerme la bici y el equipaje. Mientras, Carlos y Alberto llegaron a mi casa para acompañarnos en el viaje hasta la capital vizcaína.

José y yo de camino a Bilbao

José y servidor de camino a Bilbao

Viaje de cuatro horas muy amenizado con la compañía, en el que Mario, ya en la capital de destino, nos avisaba de las pésima condiciones meteorológicas. Viento, lluvia y frío era lo que nos esperaba. Y así fue como a partir de Aranda de Duero el cielo anunciaba lo que nos esperaba. Confirmándose, tras dejar Burgos, que la gélida precipitación intentaría acongojarnos, continuamos hasta Bilbao prefiriendo obviar estas circunstancias.

Parada a repostar

Parada a repostar

Llegamos pronto, a la hora del almuerzo. Y las cervezas eran obligatorias para celebrar nuestro sosegado viaje interrumpido, únicamente, por el palo de los veintiún euros del peaje. 😀

Estadio de San Mamés

Estadio de San Mamés

Tras almorzar dejamos nuestras herramientas y equipajes en el piso que concertamos a través de Airbnb. Nuestra anfitriona, Asunción, se portó de maravilla. No puso impedimentos en dejar alojarnos con nuestras bicicletas y darnos la libertad de horario necesaria para poder asearnos tranquilamente tras la marcha.

La bici de José

La bici de José encontró rápido acomodo

Era momento de hacer turismo. Quedamos con Mario para inscribirnos, recoger los dorsales de participación y los regalos por lo mismo. Estiramos piernas recorriendo la capital vizcaína. Y casi que nos pasamos, en el día acumulé unos trece kilómetros andando, según mi sensor de movimiento.

Salesianos Deusto

Salesianos Deusto

Bilbao me resultó curiosa. Sólo había estado una vez de pasada, hará unas dos décadas, y me resultó muy desagradable. Ahora parece que le han hecho un lavado de cara. Con apariencia de modernidad, se siente el antiguo espíritu de metrópoli industrial costera. Las ikurriñas abundan en locales y balcones. Algo que en Madrid, de hacerse con la bandera nacional se califica despectivamente, allí se hace con orgullo. Fijándome en la gente me sorprendió el poco uso que aprecié del vascuence. Me imagino que al ser la capital es un factor a tener en cuenta.

Colegas de tapeo por Bilbao antes de la cicloturista

Colegas de tapeo por Bilbao

Fuimos a cenar a Plaza Nueva, en Zazpikaleak, el casco antiguo de Bilbao. Allí nos deleitamos con los pinchos típicos de la tierra y el buen ambiente reinante por la victoria del Athletic de Bilbao ante el Celta de Vigo.

De tapeo por Bilbao

Chicos saludables preparándose para el esfuerzo

No prolongamos mucho la velada conscientes del duro día que nos esperaba. Poco después de las once estábamos recogidos en casa prestos a descansar. Pero sobre las cuatro de la mañana un chaparrón nos recordó que el domingo no sería un día especialmente propicio para disfrutar de la bicicleta.

De tapeo por Bilbao

Había que avituallarse bien

A la mañana siguiente los cielos encapotados de la madrugada del domingo sólo eran atenuados en su amenazante estampa por la ausencia de precipitación.  A las seis ya estaba desayunando para meter en mi cuerpo los hidratos necesarios para la prueba.

Desayuno de campeones

El desayuno de los campeones

Últimos preparativos en las bicis y a las siete y media salíamos de la casa rumbo a la salida de la prueba.

Alberto ultimando detalles

Alberto ultimando detalles

En ese momento hacía acto de presencia la persistente lluvia que nos acompañó durante toda la prueba. Siguiendo el sabio consejo de José, arriba me abrigué con tres capas. La camiseta técnica, la chaqueta cortavientos y el chubasquero. Para abajo, el coulotte corte era complementado con unos pantalones y unos escarpines de invierno, ninguno de los dos impermeables, que se convirtieron en una incómoda esponja durante toda la mañana.

Alberto y yo quedamos con Mario en la base de la Torre Iberdrola, mientras que Carlos y José se fueron por Javier, que estaba inscribiéndose. Heroica actuación de Javier que en circunstancias y condiciones radicalmente adversas hacía acto de presencia para formar parte de la prueba.

La salida se dividía en cinco intervalos de un cuarto de hora desde las ocho hasta las nueve de la mañana.

Salida de Mario en la cicloturista de Bilbao

Salida de Mario

Insistí a mis compañeros para salir en el primer turno porque sabía que mis condiciones físicas no me permitían garantizar finalizar la prueba en el tiempo oficial. Sin embargo no podíamos tomar la primera salida y lo dejábamos para la segunda. Momento en el que la lluvia se hacía más persistente.

Salida de Javier en la cicloturista de Bilbao

Salida de Javier

Opinión generalizada era la menor afluencia de gente. La gran precipitación registrada al comienzo de la prueba dejaba a muchos de los participantes dudando en los laterales sobre si continuar.

Salida de Quique en la cicloturista de Bilbao

Salida de un servidor, Quique

En la Plaza de Don Bosco Birbilgunea eran muchos los ciclistas parados. Ya, una vez empezada, y ya que estábamos allí, era tontería abandonar. Se intentaba y a ver hasta donde llegaríamos.

Salida de Carlos en la cicloturista de Bilbao

Salida de Carlos

Me entristeció ver la escasa presencia femenina en la prueba, minoritaria.

Salida de Alberto en la cicloturista de Bilbao

Salida de Alberto

La lluvia arrastraba mucho material por el asfalto y eran muy numerosos los pinchazos entre los participantes.

Rodando por la Ría de Bilbao un plus de dificultad se añadió a las condiciones presentes. Y es que el granizo hacía acto de presencia. Menudo, pero remate de unas condiciones muy desfavorables para la práctica del ciclismo. Ya puestos, pues a seguir aguantando, hasta lo que el cuerpo diese.

Mi mayor temor en ese momento no era una caída por las condiciones del firme, sino tener una avería mecánica. Con el frío que hacía y lo empapado que estaba, los treinta primeros minutos de la prueba ya habían sido suficientes para entumecer mis dedos. Me costaba sentir las palancas de cambio de mi Orbea Sate, por lo que no era capaz de imaginar lo que supondría cambiar una cámara en caso de pinchazo.

Intentaba ir con mis compañeros de Lucero, pero mi inexperiencia de rodar en pelotón me impedía tal intención. Por suerte ellos permanecieron arropándome.

Antes de llegar al kilómetro veinte tuvimos el primer percance mecánico, que desgraciadamente se haría persistente a lo largo de la prueba. El eje del pedalier de la bicicleta de José no se ajustaba bien y se aflojaba. Por suerte, Javi llevaba llave allen del ocho para poder apretarla. Yo me aparté en ese momento para ver el estado de mi ropa. Mis pantalones al sacudirlos chorreaban más agua que una bayeta de cocina. Un nuevo temor se apoderaba de mí, caer con un catarrazo por semejantes condiciones. Tenía que mantenerme caliente con el ejercicio y no dejar que esos temores centraran mis pensamientos. Por suerte Javi apretó en seguida el pedalier y reanudamos la marcha.

Javi y José en las primeras rampas de Morga

Javi y José en las primeras rampas de Morga

El primer ascenso hacia la localidad de Plentzia no permitía disfrutar mucho. Lluvia y nubes no dejaban apreciar el paisaje, así es que el poco divertimento era centrarse en el pedaleo.

Alberto en las primeras rampas de Morga

Alberto en las primeras rampas de Morga

El segundo ascenso hacia Andraka, a 141 m., nos respetaba un poco y la precipitación remitía. Lo que en cierto modo daba la tranquilidad de que en el descenso no sufriríamos mucho el frío por la humedad de la ropa. En este segundo descenso, más espaciados los participantes, pude comprobar las bondades advertidas por mis compañeros. El ancho perfil de mi neumático, uno con cinco de balón, y los frenos de disco, me permitían apurar mucho más las trazadas. Ello me facultaba para recuperar una mínima parte del tiempo perdido durante las ascensiones.

Quique en las primeras rampas de Morga

Quique en las primeras rampas de Morga

Llegábamos al que para mí fue la parte más bonita del recorrido. El ascenso a Unbe, a 232 m. En las primeras rampas Alberto pinchaba y Carlos se quedaba con él para acompañarle. Para desgracia de Alberto el pinchazo era por el estado de la cubierta y se repitió a lo largo de la prueba. Los bancos de niebla se apartaban para permitir apreciar parte del precioso entorno vizcaíno. Un frondoso bosque acompañaba al recorrido. En ocasiones el mismo era de eucalipto y llenaba de gozo hinchar los pulmones con su aroma. De nuevo el granizo hizo acto de presencia, mas el bosque, aliado en esta parte, paraba parte de la agresión meteorológica. A estas alturas me encontraba perfectamente y ya podía rebasar a algún compañero de aventuras.

Alberto en las rampas más duras de Morga

Alberto en las rampas más duras de Morga

Tras el descenso bordeábamos el aeropuerto de Sondika. Espectacular ver los aviones aparecer de la niebla cuando sólo los focos de los mismos permitían adivinar su presencia. Nos desviábamos al Parque Científico y Tecnológico de Vizcaya para el avituallamiento. Mientras que otros años había que hacerlo a pie por la gran afluencia de gente este año no era necesario bajar de la bici. Situado cerca de Bilbao, muchos se desviaban para finalizar antes la prueba. Manzana, barrita de cereales, un Huesito y barra libre de refresco de cola era lo disponible. Decepción por cuanto esperaba bebida isótonica que no había cargado. José continuaba con sus problemas en el pedalier. Acordé con mis compañeros entretenerme lo menos posible y salir rápidamente. Era consciente de que enseguida me rebasarían.

Mario en las rampas más duras de Morga

Mario en las rampas más duras de Morga

Llegábamos al tercer ascenso, Artebakarra, a 137 m. Nada más empezar me adelantaba Carlos preguntando por el resto de la gente, que seguían en el avituallamiento. Y es que luego me enteré que había dos avituallamientos. Ante esta contrariedad Carlos decidió continuar para adelante. Yo, a mi ritmo, no tardé en ser alcanzado por el Alberto, José y Javi. En esta ascensión empecé a ser consciente de mi lamentable error y que me lastraría el resto de la jornada. El ir con la cara empapada de agua encubrió en todo momento la sensación de sed. Como consecuencia se me olvidó beber convenientemente, con lo que mi hidratación fue pésima. Los muslos comenzaban a quejarse y ante cualquier sobre esfuerzo lanzaban la alarma de posible calambre. Tenía que reducir el descanso del pedaleo de pie y centrarme en ir sentado. Ello me lastraría excesivamente en el último ascenso. Por suerte Alberto me ayudó en esta parte para que fuera ligero. Hasta este momento el GPS me indicaba que la media, poco más por encima de los veinte kilómetros por hora, me permitía estar dentro de horario.

Javi y José en las rampas más duras de Morga

Javi y José en las rampas más duras de Morga

Artebakarra lo coroné, a pesar de mi error, sin más dificultad. Cierto es que, a pesar de mi falta de hidratación, fui conteniendo para no quemarme. Y los geles ayudaban mucho para este esfuerzo. Pero tras ochenta kilómetros recorridos por delante tenía veinte kilómetros de ascenso a Morga, 330 m. Mucho recorrido y mal hidratado, con las condiciones climatológicas vividas, fue muy duro. Los primeros diez kilómetros eran relativamente suaves. José y Javi me ayudaban en esta parte. Los últimos diez kilómetros, con tramos del diez por ciento de desnivel, lo pasé mal. De no haber sido por Javi, con su ayuda para trazar por la zona más suave de pendiente, no sé yo si hubiera pedido la asistencia del coche escoba que me adelantó durante la ascensión. No porque estuviera cansado, sino porque los muslos estaban en el límite del esfuerzo y avisaban de esta situación ante cualquier intento de cambiar de ritmo. Una lección que creía haber aprendido este invierno cuando salíamos a pistear, mas la cara mojada me hizo olvidar la hidratación necesaria para haberlo evitado. Coroné y el GPS me indicó lo mal que lo estaba haciendo. Mi media bajó a poco más de dieciocho kilómetros por hora y sabía que ya no llegaría dentro de horario.

A punto de pedir ser rescatado por el coche escoba

A punto de pedir ser rescatado por el coche escoba

Tras el descenso llegamos a lo que menos me gustó de la prueba, la entrada a Bilbao por la nacional. Tras un recorrido por un entorno de ensueño, culminar los más de cien kilómetros transitados por una nacional deja a uno aplanado.

Mario cruzando la meta de Bilbao

Carlos cruzando la meta de Bilbao

Llegué a meta fuera de control, con Javi conviviendo con mis limitaciones -¡muchas gracias caballero!-. Ya estaban recogiendo todo, aunque me dieron el refresco correspondiente y el trofeo, que rompí por un percance con un camión de la organización por el que me caí al suelo. Ciento veinte kilómetros sin percances y en meta un operario con su camión me asusta y me tira al suelo 😀

Javi volvía a Madrid directamente. Demasiado acumulado tenía como para esperar más. Mario, poco después. Carlos, Alberto y yo volvíamos al piso para ducharnos y recoger. Ducha reconfortante y caliente para el frío sufrido. Los pies reaccionaron con un tremendo picor. Como dice mi madre, sabañones me iban a salir.

Comiendo en Burgos

Fui el único que se “cebó” como debía tras el esfuerzo

De regreso se nos presentó lo que nos faltó durante la prueba, la nieve. En Burgos la nieve nos acompañó un rato en nuestro viaje.

Antes de las nueve llegamos a Madrid. José me dejó en casa. Era hora de comprobar el estado de la equipación. La bicicleta perdida de agua, tierra y grasa. Todavía espera a ser limpiada y puesta a punto. La ropa empapada, necesitó de un día para poder secarse y sacudir la tierra impregnada para poder meterla en la lavadora. Las zapatillas necesitaron más de un día para perder toda la humedad acumulada. Yo no estaba especialmente cansado. Entre que contuve el esfuerzo y me alimenté bien, no sufrí mucho desgaste. Probé la bebida de recuperación de Edu y no sé si ayudó, pero lo cierto es que no he sentido agujetas. Lo que más, sueño, mucho sueño. Pero más por lo poco que dormimos los dos días antes que por la prueba.

Mi impresión de la prueba. Ha sido alucinante. Contar con la ayuda de Mario, Carlos, Alberto, José y Javi para completar la prueba ha sido emocionante. La dureza vivida es sobrepasada por la satisfacción de la experiencia. Y coincidimos en dos aspectos. En volver a repetir y las ganas de prepararnos mucho mejor para afrontar con mejores garantías este tipo de pruebas.

Hoy precisamente Javi me ha hablado de la cicloturista de Alcobendas a celebrar el 10 de mayo. Espero poder estar con mis compis y, también, contigo si decides animarte a unirte a nosotros. Saludos y gracias por la atención.