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Un lucerano en el Tour de Francia. Día 1.

Pues sí, así como lo lees, un lucerano ha estado este año en el Tour de Francia. Después de ver ganar a Froome en los Campos Elíseos ha llegado la hora de contar mi experiencia (no le quería robar protagonismo al bueno de Chris) para que el mundo sepa lo bien (y lo mal) que lo hemos pasado por esos parajes pirenaicos.

Todo comienza recogiendo a quien será mi compañero en este viaje vital, Ardy, que como buen americano que es, se acababa de chupar sus 15 horas de viaje desde el aeropuerto, atención al nombre, John Wayne, Santa Ana, California, para luego chuparse otras 7 horas de viaje en coche hasta Bielsa, último pueblo del Pirineo Aragonés antes de llegar a Francia, pero no nos adelantemos…

Es martes, 14 de Julio de 2015, y me encuentro en el aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid (o Barajas, o como se llame ahora) esperando un vuelo proveniente de Dallas, mi amigo y ex compañero de trabajo viene en avión para subirnos a Francia a ver un par de etapas del Tour y montar en bici por los míticos puertos de la carrera, para dicho menester, vamos a necesitar a nuestras fieles e inseparables compañeras de fatigas, en el caso de mi compañero, va a ser inseparable sólo por una semana, puesto que la bici la ha alquilado aquí (más barato y sobre todo mucho más seguro que traerse su pepinaco desde EEUU) y no es otra que una flamante Macario Prothos. En mi caso, mi fiel e infatigable Cannondale Synapse sí que me acompañará, la pobre, lo bien que se va a portar durante todo el viaje sin un solo pinchazo ni avería, ni un cambio falla la jodía y mira que es bonita…

Bueno, a lo que íbamos, tras un aterrizaje sin más complicación y un desayuno español para ir metiendo a mi compañero en materia nos dirigimos a Rutas Pangea a recoger la Macario.

Éste soy yo negociando el precio a golpes con el encargado de la tienda.

Éste soy yo negociando el precio a golpes con el encargado de la tienda.

Tras cargar el aparato en la furgoneta ahora sí que sí nos ponemos rumbo a Bielsa a establecer el campamento base. El camino hasta allí, sin más, carretera y manta, escuchando la etapa del día en la radio y parando lo indispensable para llegar cuanto antes. Para los endureros, se pasa por Aínsa y sólo hay unos 20 km más hasta llegar al pueblo que está a 12 de la frontera. La carretera una vez que te sales de la autopista empieza a ser cada vez más y más bonita.

Una vez allí establecemos el centro de operaciones y nos vamos corriendo como alma que lleva el diablo a por una cerveza y algo de cenar.

Establecidos en el camping con todo lo necesario

Establecidos en el camping con todo lo necesario.

Bielsa es un pueblo muy pequeño pero muy bonito, con el centro empedrado y ese encanto de estar encastrado en el medio de las montañas, un sitio recomendable para parar a tomar algo en alguno de sus múltiples bares disfrutando de las vistas.

Lo dicho, ideal para disfrutar una cerveza con la montaña de fondo

Lo dicho, ideal para disfrutar una cerveza con la montaña de fondo.

Aquí termina lo que podríamos denominar “instalation lap”, mañana el día será otra historia muy diferente…

Fin del día 1.

 

1 comentario

  1. Maicro

    ¡Promete, promete!

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